Miguel Servet: Un librepensador mártir

por | 07/12/2015

Nació en Villanueva de Sijena, pequeño pueblo de Aragón donde su padre había sido destinado tras ser nombrado notario real. En su época inicial, demostró ser muy precoz para los estudios, y ya en la adolescencia sabía latín, griego y hebreo, y era muy aplicado en matemáticas y filosofía escolástica. En su juventud quedó impresionado por el hecho de que la doctrina de la Trinidad supusiera un obstáculo en la evangelización de árabes y judíos. Mientras estudiaba en la universidad de Tolouse, leyó la Biblia, gracias a la aparición de la imprenta que permitía el acceso a las obras, y se sorprendió al ver que en el texto sagrado el concepto de la Trinidad no se mencionaba explícitamente, y mucho menos se definía.

A finales de 1529 fue llamado al servicio de Quintanilla, confesor del emperador Carlos V, a quien acompañaría en un viaje a Italia. Allí quedó impresionado por la opulencia de la iglesia, la adoración otorgada al Papa y la sofisticación del clero. Al año siguiente abandonaría el séquito real para unirse en Basilea a los protestantes, aunque tampoco encontró ningún respaldo a sus opiniones. Se trasladó entonces al Estrasburgo , donde tuvo contacto con los reformadores Bucer y Capito.

En 1531 publicó su libro De Trinitatis Erroribus (Sobre los errores de la Trinidad), creyendo convencer al nuevo estamento protestante sobre la doctrina ortodoxa de la trinidad, para así reemplazarla con su propia teoría. Pero no surgió el efecto esperado, y aunque sentían admiración por algunos aspectos de su pensamiento, condenaban otros muchos; además, seguían defendiendo su concepción ortodoxa de la Trinidad. Miguel Servet lo intentaba de nuevo con un volumen más conciliador Dialogorum de Trinitate (diálogos sobre la trinidad), aunque sin ceder en nada importante de su sistema. A partir de entonces sus libros fueron confiscados y se le advirtió de que no visitara varias ciudades protestantes. Mientras tanto, en 1532 el Tribunal Supremo de la Inquisición en España había tomado medidas para citarle o para arrestarle en caso de que no compareciese ante el tribunal. Aterrorizado, huyó a París y reapareció con el nombre de Michel de Villeneuve. Con este nombre estudió matemáticas y medicina en las facultades de París, centro de agitación en la época. Un caso claro fue el abandono de el rector, Nicolas Cop, tras pronunciar un discurso inaugural considerado demasiado protestante, al igual que Juan Calvino, por haberlo escrito. En aquel tiempo Calvino era amigo de M. Servet, e incluso después de huido regresó nuevamente a París para encontrarse y dar respuesta a la inquietudes teológicas de éste. Hecho que no se produjo, quizá por el temor de M. Servet de ser visto con un fugitivo.

Abandonó París temporalmente para irse a Lyon, ciudad importante en lo referente a la publicación de libros, para ganarse la vida como corrector de pruebas. Encargándose de una nueva edición de la Geografía de Ptolomeo (1535), necesaria por otra parte debido a los recientes descubrimientos producidos en el nuevo mundo, la enriqueció con anotaciones “mordaces”, una de ellas referida a Palestina como un país demasiado pobre para ser la “tierra prometida” ; cita que le acarreó problemas por interpretarse como una difamación a Moisés.

Inspirado por algunas obras médicas decidió retomar sus estudios de medicina (1536 a 1538) en la Universidad de París. Luego se unió a Vesalio como ayudante de Han Gunther para realizar disecciones. No tardó en empezar a discrepar de Galeno en lo relacionado a la circulación pulmonar. Servet, habiendo examinado las paredes del corazón y apreciando el tamaño de la arteria pulmonar, concluyó que la transformación de la sangre, conseguida a través de la liberación de los gases residuales y la inyección del aire, se producía en los pulmones. No se sabe si fue el primero en descubrirlo, pero sí el primero en publicarlo. Aun así, fue la primera persona en ofrecer una interpretación moderna de la respiración pulmonar por medio de una acotación metafórica.

El panorama en 1538 de Miguel Servet, conocido como Villenueve, es que había tenido problemas con la Facultad de Medicina, en el Parlamento de París y la Inquisición, con ésta última por mezclar astrología con medicina.

En 1540 abandonó París y se convirtió en médico personal del Arzobispo de Vienne. En su residencia allí ejerció la medicina y al mismo tiempo era corrector de pruebas. A la vez, continuó cultivando su interés por la teología con la preparación de su principal tratado: Christianismi Restituto (La Restauración del Cristianismo).

En 1546 inició una fatídica correspondencia con su viejo conocido Juan Calvino, que en esa época era la figura más prestigiosa del brazo reformador del protestantismo. Se produjeron tensiones debido a las discrepancias cada vez más acuciantes, hasta que Calvino, irritado, interrumpió la correspondencia a la vez que escribió a su amigo Guillaume Farel diciéndole que si alguna vez M. Servet se presentaba en Ginebra, no le permitiría que escapara con vida. La identidad de Villenueve fue revelada por Calvino a la Inquisición católica de Vienne. Tras su arresto e interrogatorio, consiguió escapar de la cárcel. Se dirigió al norte de Italia, hacia la frontera con Ginebra, donde él pensaba que sus textos eran bien acogidos. Reconocido en una iglesia de Ginebra, fue arrestado y juzgado por herejía ante las autoridades protestantes. Los dirigentes seglares no pudieron comprobar que M. Servet fuera un inmoral y que alterase el orden público, pero sus declaraciones en su correspondencia con Calvino sí eran consideradas perjudiciales. El ayuntamiento de Ginebra le acusó de no aceptar la Trinidad y de no aprobar el bautizo.

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Aunque Calvino insistió en que fuera decapitado, el ayuntamiento le condenó a que fuera quemado en la hoguera. Muriendo entre las llamas, se dice que gritó: “¡Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate de mí!”.

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