Rafael Alberti

por | 07/12/2015

Son muchas las alabanzas con las que podríamos describir a este a este multifacético artista, a Rafael Alberti. Esta escritor tan admirado es el auténtico genio de la palabra.

Rafael Alberti Merello nace el 16 de diciembre de 1902 en la localidad gaditana del Puerto de Santa María. Alberti es el quinto de seis hermanos y estudia en el colegio de los Jesuitas donde no saca muy buenas notas y no destaca por ser buen estudiante. En este colegio permanece hasta que cumple los quince años, momento en que se traslada junto con su familia a Madrid.

A la llegada a la capital de España empieza a despuntarse el Alberti artista ya que se interesa por el mundo de la pintura y acude al Museo del Prado a copiar cuadros mientras intenta terminar el Bachiller. Finalmente abandonó los estudios.

Alberti comienza a meterse de lleno en el mundo de la pintura hasta que finalmente puede exponer en el Ateneo. Sin embargo, poco tiempo después vendría su pasión por la poesía ya que la primera que escribió lo hizo cuando contaba con veinte años de edad. Fue en este arte el que Rafael Alberti utilizó como vía de escape ya que la muerte de su padre le había marcado profundamente además de que añoraba su tierra natal. Poco tiempo después Alberti cae en la cama por tener principio de tuberculosis, momento que utilizó para estudiar a los grandes literatos.

Rafael Alberti

Así llegados el año 1920 y hasta el 1924 compone una gran cantidad de poemas que finalmente recoge en un libro denominado “Mar y tierra” lo que le llevó a ganar el Premio Nacional del Literatura. Fue entonces cuando Rafael Alberti decidió dedicarse de lleno al mundo literario así empiezan a aparecer sus primeras obras importantes como “La amante” o “El alba del alelí”.

Llegada la época de la Residencia de Estudiantes, Alberti pasa largas horas con los poetas de la generación del 27 como Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Miguel Hernández… Además es en esos años cuando también se nutre de la sabiduría de Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Manuel de Falla y un buen número de artistas relacionados con la literatura y la música.

Llegado el año 1927 Alberti se radicaliza en su ideología pasando a formar parte del marxismo revolucionario y encabezar las filas de los activistas de los movimientos de estudiantes. Más tarde vinieron otros títulos como “Cal y canto” o “Sobre los ángeles” que ya denotaba su marcado estilo surrealista al que también pertenecen obras como “Sermones y moradas” y “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.

Fue en el año 1930 cuando contrae matrimonio con María Teresa León que también se dedica a la escritura y que se convierte en su compañera, confidente y amiga. Al año siguiente de su boda se trasladan a París y allí se dedican a estudiar movimientos artísticos europeos viajando por diversos países como Alemania o Rusia. Fue ese mismo año cuando Rafael escribe “El hombre deshabitado” y “Fermin Galán”. Con esta última obra no obtuvo reconocimiento de la crítica literaria sino todo lo contrario: fuertes críticas.

En el año 1933 Alberti funda la revista Octubre y más tarde viaja por los Estados Unidos y Centroamérica.

Durante la guerra civil española, Rafael Alberti lucha en el bando republicano y es en estos duros años de guerra y posguerra cuando crea auténticas maravillas de la literatura como “El poeta en la calle”, “De un momento a otro (Poesía e historia)” y “Con los zapatos puestos tengo que morir”. Finalmente, en el mes de marzo de 1939 Alberti y su mujer regresan a Francia donde trabajan como locutores de radio. Su viaje toma un desvío y se dirigen a Chile para más tarde pasar a Argentina. Es en este país donde nace su hija Aitana.

Algunas obras literarias de estos años son “Entre el clavel y la espada”, Pleamar”, “El adefesio” y “A la pintura, poema del color y la línea”.

Ya más tarde fueron llegando otros títulos como “La arboleda perdida” que es un libro de memorias que permiten al lector conocer un poco más al Alberti individuo dándonos a conocer sus amigos, su familia y su entorno. También debemos destacar de esta etapa obras como “Buenos Aires en tinta china. Poema para un libro de dibujos de Atilio Rossi”, “Coplas de Juan Panadero”, “Ora marítima”, “Baladas y canciones del Paraná”, “Poemas de Punta del Este”… Pero son muchos los poemas que aún no hemos citado y que merecen la pena leer y escuchar ya que su contenido y significado es de una excelente calidad literaria. Algunos de ellos son “Noche de guerra en el Museo del Prado”, “La primavera de los pueblos”, “Abierto a todas horas”….

Ya en el año 1963 regresan a Europa fijando su residencia en la capital de Italia así y gracias a todas su trayectoria le galardonan con el premio Lenin de la Paz.

Es una época gloriosa para Rafael Alberti que sigue creando títulos como “Poemas con nombre”, “Roma, peligro para caminantes”, “Los ocho nombres de Picasso”, “No digo más de lo que no digo”, “Maravillas con variaciones acrósticas en el jardín de Miró” y “Canciones del alto valle de Aniene”.

En el año 1977 y tras las muerte de Franco, Alberti vuelve a España siendo elegido diputado en Cádiz aunque al poco tiempo decide retirarse ya que lo suyo no es la política sino la literatura, algo que se demuestra cuando recibe el Premio Cervantes en el año 1983.

La versatilidad en los temas tratados por Alberti en sus poesías era evidente tal como se muestra en los contenidos de “Fustigada Luz”, “Versos sueltos de ada día”, “Amor en vilo” con el que nos sorprende con unos excelentes poemas eróticos, “Golfo de sombras”, “Los hijos de drago y otros poemas”…

1988 representó un mal año para el escritor gaditano ya que fallece su mujer. Es en este mismo año cuando la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando lo nombra miembro honorario.

Al año siguiente Alberti tiene necesidad de expresar todos sus sentimientos en una nueva creación literaria a la que llamara “Canciones para Altair”. Tan sólo un año después se casa con su secretaria que también es escritora María Asunción Mateo su compañera hasta el final de su viaje por el camino de la vida.

El gran Rafael Alberti fallece el 28 de marzo de 1999 en su amada y querida ciudad natal; en el Puerto de Santa María. Aquel momento significó el fin de la llama que todavía quedaba encendida de los escritores de la generación del 27. Alberti quiso que sus cenizas se esparcieran por la bahía de Cádiz y así se cumplió el último deseo de este escritor que destacó por la pasión que no sólo ponía en sus versos sino también en su ideología, en sus creencias y en definitiva, en su vida.

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